El pasado 28 de abril, gran parte de la península ibérica se sumió en un apagón eléctrico masivo. Pero mientras los ciudadanos se quedaban sin luz, sin cobertura y sin explicaciones, los titulares comenzaron a encenderse como si fueran linternas en la oscuridad. Dos días después, el 30 de abril, los principales medios ya habían repartido culpas: ABC acusa al «boom» renovable, La Razón habla de «exceso de confianza en las renovables» y El Mundo señala a Beatriz Corredor, presidenta de Red Eléctrica, por ignorar alertas desde hace cinco años. ¿Y el Gobierno? Apunta a las eléctricas por deslealtad y opacidad.
𝐂𝐚𝐢́𝐝𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐦𝐚𝐧𝐝𝐚, 𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐠𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧
Red Eléctrica lo dejó claro: a las 12:33 h se produjo una caída brusca de 15 gigavatios de demanda. Es decir, no es que faltara energía, es que de repente sobraba. Y en un sistema automatizado como el nuestro, cuando se produce un desajuste tan grande, la red se protege desconectando fuentes para evitar males mayores (como una sobretensión que provoque daños graves en infraestructuras).
𝐄𝐥 𝐬𝐨𝐥 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐛𝐚𝐧𝐪𝐮𝐢𝐥𝐥𝐨
Las instalaciones fotovoltaicas se desconectaron, sí. Pero no porque fallaran, sino porque funcionaron como deben hacerlo: si la demanda cae drásticamente, las renovables (especialmente solares) se desconectan por seguridad. Lo que no tiene sentido es usar eso como prueba de su «inutilidad» o «fragilidad», cuando precisamente el sistema evitó un mal mayor gracias a esos protocolos.
Eso sí, no podemos obviar lo que ya había advertido la propia Red Eléctrica en febrero: la integración masiva de renovables necesita una gestión más flexible y herramientas inteligentes. Pero, como tantas veces, las advertencias no se convierten en planes hasta que se va la luz.
𝐍𝐮𝐜𝐥𝐞𝐚𝐫𝐞𝐬: 𝐥𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞, 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞
Las centrales nucleares no se apagaron de forma generalizada, aunque algunos medios apuntan a que varias redujeron su producción o se desconectaron de forma puntual para evitar problemas mayores, como una sobretensión que pudiera afectar a los sistemas. En todo caso, tampoco sirvieron de mucho. ¿Por qué? Porque su producción es constante y poco adaptable. No pueden reaccionar con rapidez ante una caída de demanda ni aportar flexibilidad al sistema. Reclamarlas como solución a un problema de equilibrio inmediato es como querer usar un portaaviones para remolcar una bicicleta: mucho poder, pero mal enfocado.
𝐆𝐨𝐛𝐢𝐞𝐫𝐧𝐨 𝐯𝐬 𝐞𝐥𝐞́𝐜𝐭𝐫𝐢𝐜𝐚𝐬: 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐨𝐧𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐢𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥
El Gobierno, lejos de calmar las aguas, ha señalado a las compañías eléctricas por su falta de fiabilidad y transparencia. La tensión (nunca mejor dicho) entre operadores, generadores y políticos crece, y la ciudadanía asiste a esta batalla sin saber si la próxima vez podrá siquiera cargar el móvil para leer los reproches en tiempo real.
𝐘 𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨, 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝𝐚𝐧𝐨𝐬…
Gritando por la ventana como si hubiera vuelto la electricidad el día de la Selectividad. La mayoría sin saber qué pasaba, sin red, sin datos y sin radio (porque ahora todo es digital, hasta que deja de serlo). En vez de una alerta clara, solo hubo teorías de bar, memes y un silencio institucional que dolía más que la oscuridad.
𝐄𝐩𝐢́𝐥𝐨𝐠𝐨
No se trata de culpar al sol, ni al átomo. Se trata de reconocer que tenemos una red frágil, mal coordinada y con demasiadas manos pulsando botones sin hablar entre ellas. Quizás no necesitamos más energía, sino más sentido común.
𝑨𝒍𝒈𝒖𝒏𝒐𝒔 𝒎𝒊𝒓𝒂𝒏 𝒍𝒂𝒔 𝒆𝒔𝒕𝒓𝒆𝒍𝒍𝒂𝒔, 𝒐𝒕𝒓𝒐𝒔 𝒎𝒊𝒓𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒊𝒆́𝒏 𝒍𝒂𝒔 𝒂𝒍𝒒𝒖𝒊𝒍𝒂.
