Cuando la imagen sacude conciencias

Imagen satelital panorámica de Gaza: la destrucción visible desde el aire revela la magnitud de un conflicto que eclipsa la vida cotidiana y exige ser documentado.

Hoy leí un artículo en eldiario.es titulado Hay una manera en la que los artistas sí podemos cambiar el mundo, firmado por Paco Bezerra. La idea era clara: una sola obra puede que no lo logre, pero todas juntas sí. Me hizo pensar en lo que el audiovisual —la fotografía y el cine— ha hecho y sigue haciendo para cambiar la historia.

El poder de una fotografía

La instantánea de la niña del napalm en Vietnam (1972) no detuvo la guerra de inmediato, pero sí modificó la percepción internacional del conflicto. Lo mismo ocurrió con la imagen del hombre frente al tanque en Tiananmén (1989): una sola figura se convirtió en símbolo universal de resistencia.

La icónica fotografía de 1972 muestra a la “niña del napalm” y a otros menores huyendo desnudos y aterrados tras un ataque aéreo en Vietnam, símbolo de la crudeza de la guerra y de su impacto en civiles inocentes.

Más cerca en el tiempo, la foto del pequeño Aylan en la playa turca (2015) obligó a Europa a mirarse en el espejo de la crisis de refugiados. Ninguna ley cambió al día siguiente, pero millones de conciencias se vieron interpeladas de golpe.

El cine como memoria

Las películas no derrocan gobiernos, pero dejan cicatrices en la memoria colectiva. La lista de Schindler (1993) puso rostros y nombres al horror del Holocausto para nuevas generaciones. En su análisis Diégesis moral en La lista de Schindler (1993), se destaca cómo el filme de Spielberg no solo revive el horror del Holocausto, sino que redefine la memoria colectiva al narrar el pasado con una carga documental y ética que resuena generaciones después. Documentales como Bowling for Columbine (2002) o Citizenfour (2014) lograron abrir debates incómodos sobre armas y vigilancia masiva.

El cine es un eco que no desaparece con los créditos finales: se instala en la conversación social y se convierte en referencia. Puede que no cambie leyes de inmediato, pero prepara el terreno para que esas leyes lleguen.

Fotograma de La lista de Schindler (1993) con la icónica niña del abrigo rojo caminando entre la multitud en blanco y negro, símbolo visual del Holocausto y de la memoria histórica que la película llevó al gran público.

La cultura visual como resistencia

Lo entendió bien Susan Sontag cuando escribió que fotografiar es, de alguna manera, apropiarse de la realidad. Como recuerda su ensayo On Photography, citado y debatido en múltiples análisis posteriores, fotografiar implica una relación de poder con el mundo: objetivar y apropiarse de lo que se retrata. Esta reflexión sigue vigente hoy, como se ve en debates recientes recogidos en medios como Vogue, que señalan la paradoja de la sobreexposición visual y la responsabilidad ética del observador. Además, el vídeo On Photography – Susan Sontag ofrece una aproximación accesible a su pensamiento y refuerza la vigencia de sus ideas. Las imágenes incomodan porque nos enfrentan a lo que muchos prefieren ignorar. En un mundo saturado de estímulos, la fotografía y el cine siguen siendo capaces de detenernos, aunque sea unos segundos, para mirar de frente.

Quizás una sola foto o una sola película no cambien el mundo. Pero cuando todas se suman —en periódicos, redes sociales, festivales de cine o exposiciones— construyen un mosaico imposible de silenciar. La cultura visual no es un lujo: es un campo de batalla simbólico donde se disputa el relato de nuestro tiempo.

En la actualidad, las imágenes que llegan desde Gaza son prueba de ello. Sin la labor de los periodistas gráficos sobre el terreno, muchas de las violaciones de derechos humanos quedarían en silencio. Son ellos quienes arriesgan su vida para que el mundo vea lo que algunos quisieran ocultar. En medio del colapso, las imágenes desde Gaza siguen siendo testimonio esencial. Sin el trabajo de periodistas gráficos como Motaz Azaiza —cuyas fotografías desde Gaza entraron en la lista de las mejores de 2023 de Time— o Samar Abu Elouf, premiada con el George Polk Award y el UNICEF Photo of the Year por su captación del sufrimiento infantil, estaríamos más ciegos que nunca.

Vista panorámica de la destrucción en el norte de la Franja de Gaza. La imagen detiene el tiempo: confirma que el dolor es real, que el testimonio visual es una obligación moral cuando las voces callan.

Almas Capturadas | Porque, a veces, basta una imagen para abrir una grieta en la realidad.