Hay guerras que no ocupan portadas, pero se libran en silencio: bajo la piel, en las cunetas de la memoria, en la pantalla que escogemos apagar. Son guerras que se filtran en los gestos cotidianos, en los silencios incómodos, en las grietas de una pared que parece ajena pero guarda cicatrices.
Relato de experiencia
Recorrer un paisaje con la cámara es también aprender a escuchar lo que calla. Una carretera vacía puede ser la misma donde alguna vez huyeron civiles sin armas, como en la Desbandá. Una plaza soleada puede ocultar el eco de gritos ahogados. Y un pueblo que parece detenido en el tiempo, a veces lo está porque su historia fue arrasada y nadie se atrevió a reconstruirla.
No siempre hace falta cruzar fronteras para encontrarlas: las guerras invisibles también están en los campos abandonados, en las casas en ruina, en la memoria callada de quienes prefieren no hablar.
Guerras invisibles de hoy
No todas las guerras actuales reciben la misma atención mediática. Mientras unas pocas acaparan titulares, muchas otras apenas se mencionan:
- Sudán: la guerra civil ha dejado miles de muertos y millones de desplazados, pero raramente llega a la portada de los informativos (BBC News – Conflicto en Sudán).
- Yemen: una de las mayores crisis humanitarias del planeta, donde la población civil sufre hambre, bombardeos y enfermedades olvidadas (ACNUR – Situación en Yemen).
- Etiopía (Tigray): aunque el alto el fuego se firmó en 2022, las secuelas de la guerra siguen marcando a la población y apenas tienen seguimiento internacional (Etiopía: nuevas guerras en los viejos frentes).
- Myanmar: tras el golpe militar de 2021, el país vive en un conflicto interno con miles de desplazados, pero el interés mediático se ha desvanecido (Human Rights Watch – Myanmar).
Estas guerras “menores” en visibilidad no lo son en sufrimiento: millones de personas viven atrapadas en conflictos silenciados por la lógica mediática que selecciona qué vale como noticia y qué se oculta tras un telón de indiferencia.

Fila de refugiados y civiles huyendo con pertenencias en plena carretera, símbolo de las guerras invisibles que marcan a quienes apenas aparecen en los titulares.
Puente a lo visual
Fotografiar y filmar estas ausencias exige otra mirada. No se trata de mostrar lo evidente, sino de sugerir lo que falta:
- El blanco y negro en fotografía y vídeo se convierte en un idioma del silencio: despoja al paisaje de color, lo viste de tiempo y duelo (Magnum Photos – Black History Month: A Curation by Eli Reed).
- El contraluz dibuja sombras que revelan más que lo iluminado, porque en la penumbra se intuyen los secretos. En vídeo, un travelling en sombra puede acentuar esa sensación de lo oculto (StudioBinder – Film Lighting — The Ultimate Guide (w/ Video & Cheatsheet)).
- Los espacios vacíos —calles solitarias, marcos sin figura— actúan como protagonistas. En la imagen fija evocan ausencia; en un plano fijo, convierten la espera en parte de la narración (Digital Photography School – Negative Space in Photography).
- Las texturas —piedra erosionada, madera rota, hierba que crece donde hubo fuego— hablan de heridas que no cicatrizan. En vídeo, un lento paneo sobre esas texturas convierte lo material en relato (StudioBinder – Texture in art definition).
La cámara, en fotografía o en movimiento, se convierte en testigo paciente. Cada disparo o cada plano es una tentativa de diálogo con lo invisible, un intento de atrapar no solo lo que está frente al objetivo, sino también lo que falta.

Niños y familias desplazadas en Sudán, esperando ayuda humanitaria en condiciones precarias, reflejo de un conflicto silenciado y de la vulnerabilidad de la infancia en la guerra.
Reflexión final
Las guerras que no se ven nos obligan a cuestionar nuestra propia manera de mirar. Porque no todo se cuenta con pólvora ni titulares. Algunas batallas se libran en la memoria, en la intimidad, en el intento de recordar lo que otros quisieron enterrar. Fotografiar y filmar esos silencios es aceptar que el arte no siempre da respuestas, pero sí abre grietas por donde se cuela la verdad.
El alma de las guerras que no se ven es el silencio que arde: batallas íntimas, memorias enterradas y cicatrices que solo la mirada paciente logra desvelar.


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